Recorrido por un museo de Smithsonian revela genialidad y crueldad de EEUU; Trump desea cambios

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WASHINGTON (AP) — En un paseo vespertino por la zona cero de la cultura estadounidense —el Museo Nacional de Historia Estadounidense del Smithsonian—, los objetos en cada esquina invitan a una pregunta: ¿Qué podría ser más estadounidense que esto?

Está la raída enorme bandera estadounidense en todo su esplendor, las zapatillas de rubí de Dorothy de “The Wizard of Oz” y muestras de logros por todas partes.

También hay testimonios de dolor y crueldad. ¿Qué podría ser más estadounidense que un ajuste de cuentas con los pecados de la nación, ejemplificado por grilletes que representan la esclavitud y fotografías de estadounidenses de origen japonés confinados en campos de detención durante la Segunda Guerra Mundial?

De innumerables maneras, el museo explora “la complejidad de nuestro pasado”, en correspondencia con su declaración de misión. El presidente Donald Trump quiere que cuente una historia más sencilla. Quiere que este y los demás museos de la Institución Smithsonian reflejen el orgullo, el poder y los logros estadounidenses sin nada de la oscuridad —y amenaza con retener los fondos si no se adhieren a ese programa.

Genialidad y lado oscuro estadounidenses en exhibición

En redes sociales, Trump se quejó de que en los museos Smithsonian, que pueden visitarse de manera gratuita y que reciben la mayor parte de su financiación del gobierno, “todo lo que se discute es lo horrible que es nuestro país, lo terrible que fue la esclavitud y lo poco que han logrado los oprimidos. Nada sobre el Éxito, nada sobre la Alegría, nada sobre el Futuro”.

De hecho, el museo de historia refleja abundantes éxitos, tanto en el campo de batalla, en las cocinas y las fábricas de los pioneros de la alimentación, en el escenario musical, en el cine y en otros ámbitos de la creatividad y la laboriosidad. En la exposición “Iniciativa Estadounidense”, por ejemplo, hay un muro lleno de historias de estadounidenses exitosos.

En este recorrido itinerante, se muestran los instrumentos de navegación utilizados por el aterrador pirata Barbanegra en sus incursiones de principios del siglo XVIII en la costa atlántica. Se puede apreciar el sombrero que Abraham Lincoln usó en el Teatro Ford la noche de su asesinato, el uniforme ceremonial de George Washington, el fino pijama de seda roja de Warren Harding de principios del siglo XX, el primer automóvil que cruzó el país y un billete de 100.000 dólares.

También se exhiben las bombillas originales del genio estadounidense Thomas Edison. Un genio bastante anterior, el padre fundador Benjamin Franklin, es presentado como inventor talentoso y como dueño de esclavos que denunció la esclavitud públicamente y, sin embargo, nunca liberó a sus propios esclavos.

Es posible que esas sutilezas y ambigüedades no tengan mucho tiempo de vida. No obstante, en el museo de historia aún se exhiben artefactos y documentos del ingenio, la subyugación, la generosidad, el racismo, la valentía, la deshonra, el brío, la alegría, la corrupción, el heroísmo y la apropiación cultural estadounidenses.

Como en la mayoría de los museos, su enfoque no está en el futuro.

Hay muchas provocaciones

Aun así, hay mucho que puede irritar al presidente republicano.

En la exposición “Gran Debate” sobre la democracia estadounidense, un muro está decorado con palabras grandes como “Privilegio” y “Esclavitud”. El museo rinde homenajes generosos a las contribuciones de los inmigrantes y narrativas sobre el panorama racista con el que muchos se toparon.

Las exposiciones abordan la “justicia alimentaria”, la explotación de filipinos tras la anexión de sus tierras por parte de Estados Unidos y la red de internados opresivos para indígenas norteamericanos de donde surgió Jim Thorpe, quien se convirtió en uno de los atletas más importantes de todos los tiempos.

La reina Lili’uokalani —la última soberana de Hawai antes de su anexión por parte de Estados Unidos, en la década de 1890— aparece citada en una pancarta preguntando: “¿Ha de DEGENERARSE la REPÚBLICA AMERICANA de ESTADOS y convertirse en COLONIZADORA?”

Un ukelele en exhibición fue fabricado alrededor de 1890 por un trabajador azucarero que trabajaba en las plantaciones estadounidenses del reino antes que un golpe de Estado respaldado por Estados Unidos derrocara la monarquía. A los visitantes del museo se les dice que el nuevo instrumento fue enarbolado por los monarcas como símbolo de independencia anticolonial.

“Los ukeleles son tanto un producto del imperialismo estadounidense como un poderoso símbolo de la resistencia de los nativos hawaianos”, indica el texto adjunto.

En la estatua de George Washington, con estilo de deidad griega, el texto insinúa las complejidades de él y no llega a la reverencia total que reciben los líderes totalitarios.

Al señalar que “la investigación moderna se centra en el hombre falible más que en el héroe esculpido en mármol”, el texto señala que la imagen de Washington “todavía se utiliza como fuente de inspiración, patriotismo y lucro comercial” y que “él aún ocupa un lugar para muchos como un ‘padre’ simbólico de la patria”.

El espíritu estadounidense también se celebra

En esta visita, se ve a conservadores tras un gran ventanal que limpian con pequeños pinceles antiguas piezas de madera. Su labor patriótica avanza a paso de tortuga.

El equipo restaura la cañonera Philadelphia, parte de una pequeña flota que se enfrentó a la armada británica en la Batalla de la Isla Valcour, en el Lago Champlain, en 1776, lo que retrasó el esfuerzo británico por aislar a las colonias de Nueva Inglaterra y ganó tiempo para que el Ejército Continental se preparara para su victoria decisiva en Saratoga.

El comandante de las cañoneras en la batalla de Valcour se convirtió después en el mayor traidor de Estados Unidos: Benedict Arnold. Los británicos dañaron tanto la Philadelphia que se hundió una hora después de la batalla y permaneció sumergida durante 160 años. Ahora se restaura para las celebraciones del 250mo aniversario de Estados Unidos el próximo año.

“La Philadelphia es un símbolo de cómo los ciudadanos de una nación recién formada se unieron a pesar de las abrumadoras dificultades en contra de su éxito”, dijo Jennifer Jones, directora del proyecto. “La frágil condición de esta embarcación simboliza nuestra democracia: requiere la atención y la vigilancia de la nación para preservarla para las generaciones futuras”.

No dice qué pensar, sino sobre qué pensar

La fragilidad de la democracia se analiza en una sección del museo dedicada a los límites del poder presidencial. Fue de allí de donde las referencias a los dos juicios políticos de Trump fueron removidas en julio para su actualización y regresadas este mes.

“El 18 de diciembre de 2019, la Cámara de Representantes sometió a juicio político a Donald Trump por abuso de poder y obstrucción al Congreso”, se lee ahora en una etiqueta. “El 13 de enero de 2021, Donald Trump se convirtió en el primer presidente en ser sometido a dos juicios políticos”, señala otra. “El cargo fue de incitación a la insurrección con base en su impugnación de los resultados electorales de 2020 y en su discurso del 6 de enero”. Sus absoluciones en el Senado se mencionan debidamente.

Es una visión puramente fáctica de un asunto que ha dividido muy profundamente al país. El museo de historia no ofrece respuestas a ese predicamento. En cambio, plantea preguntas en sus salas sobre los fundamentos de la identidad estadounidense.

“¿Cómo deberían los estadounidenses recordar su Revolución y la fundación de la nación?”

“¿Cómo se manifiesta el patriotismo?”

“¿Cuán diversa debería ser la ciudadanía?”

“¿Necesitamos compartir una historia nacional común?”

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La periodista de The Associated Press Lynn Berry contribuyó a este despacho.

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