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América Latina entra en un superciclo electoral que reconfigurará liderazgos, prioridades económicas y el equilibrio político de la región.
Elecciones 2026. Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

15.01.2026 16:50 Actualizado: 15.01.2026 16:59
La Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales, y el Dr. Ignacio De Angelis, docente de Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas, ambos de la Universidad Internacional de Valencia - VIU, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades advierten que las elecciones marcarán un giro hacia agendas más pragmáticas, con fuertes tensiones entre estabilidad económica, legitimidad social y seguridad.
El inicio de 2026 encontrará a América Latina atravesando uno de los periodos electorales más intensos de la última década. Entre los comicios celebrados en el último trimestre de 2025 y las elecciones previstas para el primer semestre de 2026, la región entra en un superciclo que pondrá a prueba la capacidad de los mandatarios para gobernar en un escenario marcado por bajo crecimiento económico, restricciones fiscales, miedo colectivo y una creciente demanda social.
Según explica el Dr. Ignacio De Angelis, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red de educación Planeta Formación y Universidades, el ciclo político que se abre apunta a un cambio claro en las prioridades regionales.
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«El ciclo 2025-2026 probablemente confirme un giro pragmático con rasgos de recentramiento político», explica. «Si bien las sociedades tienden a priorizar estabilidad antes que narrativas ideológicas, el crecimiento de las corrientes reaccionarias y la merma del progresismo forman un nuevo mapa político regional que favorece el acercamiento a EE.UU. Y este país, por su parte, busca socios previsibles frente a China, mientras la UE intenta recuperar presencia sin ofrecer recursos comparables».
Es un reacomodo frente a un panorama económico complejo. La inflación ha estado más contenida que en años anteriores, pero los precios relativos han sido más inestables. El bajo crecimiento y escaso margen fiscal obliga a los nuevos gobiernos a tomar decisiones difíciles. Para De Angelis, la fragmentación social y la desigualdad tienden a consolidarse como modelo de desarrollo en la mayoría de los países de la región.
«Si bien los cambios sistémicos globales ofrecen ventanas de oportunidad para el desarrollo de los países, lo cierto es que no existen atajos», detalla. «La disciplina fiscal en países sobreenduedudados muchas veces prima sobre la acumulación de capacidades productivas, científicas y tecnológicas, al mismo tiempo que la ideología prima sobre el pragmatismo en política exterior, dando como resultado una combinación letal para el desarrollo que tiende a más endeudamiento y mayor dependencia».
En materia social, el panorama de los nuevos gobiernos latinoamericanos en 2026 estará fuertemente influido por la percepción de seguridad de la población. El miedo está sustentando tanto las campañas como los resultados, según analiza la Dra. Jara Rodríguez Fariñas, directora del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Valencia – VIU.
«Candidatos que prometen mano dura, militarización o estrategias de seguridad “rápidas y visibles” parten con ventaja en contextos donde la violencia supera la capacidad del Estado», detalla. «El riesgo es que, bajo la presión de la ciudadanía por soluciones inmediatas, algunos gobiernos justifiquen concentración de poder, debilitamiento de contrapesos o retrocesos institucionales. Organismos internacionales ya advierten que esta dinámica podría acelerar procesos de erosión democrática».
A esto se suma la presión económica. Altos niveles de informalidad, endeudamiento y un crecimiento insuficiente limitan la capacidad de cumplir promesas electorales ambiciosas, lo que amplía la brecha entre expectativas ciudadanas y resultados reales. Esa frustración, coinciden los expertos, puede traducirse en mayor polarización e inestabilidad política.
La migración también se consolida como tema central del debate público, algo que ya Chile dejó claro con su nuevo mandatario. Los flujos hacia Estados Unidos y los desplazamientos internos en la región obligan a los gobiernos a fijar posiciones claras en materia de fronteras, cooperación internacional y acceso a servicios públicos, convirtiéndose en un eje electoral y diplomático de primer orden.
Los fenómenos globales también inciden directamente en las decisiones locales. Conflictos internacionales, inflación importada y crisis climática condicionan la política económica, la política exterior y la gobernanza interna.
«Además de afectar la economía, estos fenómenos redefinen qué políticas son posibles y cuáles deben ser postergadas», explica Rodríguez Fariñas. «En 2026, gobernar en América Latina significará equilibrar seguridad alimentaria, estabilidad fiscal, seguridad y sostenibilidad ambiental en medio de una competencia geopolítica cada vez más intensa».
Universidad Internacional de Valencia
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